Acción 3: Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos

En Colombia a lo largo de la cadena de valor de alimentos, se pierden y desperdician alrededor del 34% de los destinados al consumo humano (22% se pierde y 12% se desperdicia. (DNP, 2016). Esto corresponde a botar al año 9,7 millones de toneladas de alimentos, suficientes para darle de comer a ocho millones de colombianos durante todo un año. Los alimentos con las tasas más altas de pérdidas y desperdicio son las frutas, vegetales, raíces, tubérculos y productos lácteos, que son fuente de vitaminas para mantener en alto el sistema inmunológico.

 

En medio del COVID-19, se están incrementando las toneladas de alimentos que se pierden en todo el país. Por tanto, se debe optimizar al máximo los recursos que tiene el país para intervenir la inseguridad alimentaria generada por la pandemia. Es fundamental utilizar los excedentes alimentarios aptos para el consumo humano, que no lograron ser comercializados, en la nutrición de las personas más vulnerables.

 

Hoy el país cuenta con la Ley 1990 de 2019, por medio de la cual se crea la política para prevenir la pérdida y el desperdicio de alimentos y se dictan otras disposiciones, que, aunque debe ser reglamentada, cuenta con esquemas útiles para que las gobernaciones empiecen a desarrollar sus planes departamentales de pérdida y desperdicio de alimentos.

Existen herramientas prácticas, como las guías prácticas de la FAO, que permiten avanzar en formas más eficientes de salvar alimentos, abastecer a las poblaciones locales con raciones alimentarias que puedan rescatarse e incluyen opciones para transformar alimentos rescatados y alargar su vida útil. 

Se deberá trabajar en

  • Articular trabajo con las instancias de gobierno, del sector privado, Bancos de Alimentos, ONG y organismos multilaterales que avanzan en el diseño de metodologías de medición de la pérdida y desperdicio de alimentos (PDA), así como en pilotos de medición.
  • Generar un llamado a que todos los eslabones de la cadena de alimentos (industria de alimentos, almacenes minoristas, tiendas de barrio, restaurantes, hoteles, distribuidores y hogares) puedan sumarse a donar alimentos perecederos o no perecederos a través de las plataformas de donación existentes, como los Bancos de Alimentos o que se creen en el marco de las Mesas Departamentales de Abastecimiento y Seguridad Alimentaria.
  • Crear fondos departamentales de rescate de alimentos con recursos públicos con el fin de financiar los procesos logísticos que no son cubiertos a través de donaciones. Asimismo, estos fondos podrían apoyar el salvamento de comida de agricultores que no logren comercializar parte de sus cosechas, a través de subsidios equivalentes al valor del salvamento, y posteriormente hacer entrega de los alimentos recuperados a los bancos de alimentos presentes en los respectivos departamentos.